Blog¿Qué nota de corte pide Nutrición Humana y Dietética este curso?
La nota de corte de Nutrición Humana y Dietética en cada universidad en el curso 2026-2027, con los dobles grados aparte y el peso…
¿Cuándo empezar a estudiar para la selectividad y cómo planificar sin agobiarte?

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En la mayoría de los casos, lo recomendable es empezar a preparar la Selectividad durante 2.º de Bachillerato, idealmente entre el inicio de curso y los primeros meses del año. Esto permite repasar el temario con calma, practicar ejercicios tipo EBAU y llegar al examen con suficiente rodaje.
Ahora bien, el momento exacto depende sobre todo de tres factores: tu nivel actual en Bachillerato, las horas reales que puedes dedicar cada semana y la carrera a la que aspiras. No es lo mismo querer aprobar con margen que intentar entrar en grados muy demandados como Medicina, Enfermería, Odontología o Fisioterapia, donde cada décima cuenta.
Desde nuestra academia para preparar la Selectividad orientada a carreras del área de la salud, vemos cada año alumnos con ritmos muy distintos que llegan bien a la prueba con planes adaptados.
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En términos generales, muchos estudiantes que llegan bien a la EBAU empiezan a integrar la preparación específica durante 2.º de Bachillerato, combinando lo que ya estudian en el instituto con práctica de ejercicios tipo examen. Otros, en cambio, necesitan empezar antes o reforzar asignaturas clave cuando detectan que su nivel está por debajo de lo necesario.
La clave no es estudiar más horas sin rumbo, sino empezar en el momento adecuado para tu situación y centrarte en las materias que más influyen en la nota de acceso. Una forma sencilla de saber cuándo empezar es mirar con realismo cuántas horas puedes dedicar a la semana y cómo está tu nivel actual. A partir de ahí puedes adaptar tu estrategia.

Por ejemplo, si ya tienes un buen expediente en Bachillerato y puedes dedicar entre 10 y 15 horas semanales al estudio fuera de clase, normalmente basta con integrar la preparación de la EBAU desde el inicio de 2.º de Bachillerato, repasando el temario con ejercicios tipo examen y haciendo simulacros periódicos.
Si tu nivel es más irregular o solo puedes estudiar entre 5 y 10 horas semanales, suele ser más prudente empezar la preparación específica algunos meses antes del examen, reforzando sobre todo asignaturas clave como Biología o Química si quieres acceder a carreras del área de la salud.
En cambio, cuando quedan pocos meses para la prueba o el tiempo disponible es muy limitado, lo más realista es plantear un plan intensivo de rescate, centrado en practicar exámenes reales y corregir los errores más frecuentes para mejorar lo máximo posible en el tiempo disponible.
Para verlo de forma más clara, puedes orientarte con este esquema general:
| Horas de estudio por semana | Punto de partida | Objetivo sanitario | Acción inicial recomendada |
| 10–15 horas | Buen expediente en Bachillerato | Grados con nota alta como Medicina o Enfermería | Integrar preparación tipo EBAU desde inicio de 2.º de Bachillerato y realizar simulacros periódicos |
| 5–10 horas | Nivel medio o algunas lagunas | Carreras sanitarias variadas | Empezar ya con preparación focalizada en asignaturas clave y práctica de ejercicios tipo examen |
| Menos de 5 horas o faltan pocos meses | Nivel bajo o muy irregular | Cualquier grado, con expectativas ajustadas | Activar un plan intensivo de rescate centrado en materias que más ponderan y simulacros guiados |
Si dudas entre arrancar ya o esperar, una referencia sencilla es esta: si al corregir exámenes recientes ves que te quedas muy por debajo de lo que necesitarías para tu grado, es mejor adelantar el inicio y apoyarte en un plan más estructurado, como el que explicamos en nuestra guía para prepararse para la selectividad enfocada en el área de la salud.
Una vez que decides cuándo empezar, el siguiente reto es encajar la EBAU en tu semana sin que todo se convierta en una maratón infinita. Aquí ayuda pensar en bloques de 45 a 90 minutos de calidad, más que en horas sueltas mal aprovechadas, y reservar algunos de ellos de forma fija para las asignaturas que más peso tendrán en tu acceso a grados sanitarios.
En términos generales, muchas semanas de 2.º de Bachillerato permiten añadir entre tres y seis bloques específicos de EBAU fuera del tiempo de clase, según tus otras obligaciones. Lo importante es que esos bloques no repitan lo que ya haces en el aula, sino que sirvan para practicar ejercicios tipo examen y repasar partes del temario con la estructura de la prueba, especialmente teniendo en cuenta cuántos exámenes se hacen en la EBAU y la carga que suponen en pocos días.
Cuando necesites afinar más la distribución por días o asignaturas, puedes apoyarte en nuestra guía para prepararse para la selectividad, donde desgranamos distintas formas de organizar el estudio pensando en el acceso a carreras del área de la salud.
Para la mayoría de grados sanitarios, Biología y Química no solo son materias troncales, sino que suelen ser las que más ponderan en la fase voluntaria. Por eso tiene sentido que la mayor parte de tus bloques específicos de estudio giren en torno a ellas, siempre equilibrando el esfuerzo para no descuidar las asignaturas obligatorias que también entran en juego.
Un reparto razonable, si ambas ponderan en la universidad que te interesa, puede ser dedicar ligeramente más tiempo a la que lleves más floja y mantener un mínimo estable en la que domines mejor. De este modo evitas el error típico de volcarte solo en tu favorita y llegar a la otra con lagunas importantes, algo que penaliza mucho cuando intentas subir décimas en carreras muy demandadas.

Si notas que Química se te atraganta de manera especial, puede ser buen momento para apoyarte en recursos más guiados, como nuestra preparación para la EBAU de química orientada a quienes quieren acceder a grados del área de la salud, donde trabajamos justamente esa combinación de teoría imprescindible y práctica intensiva.
Recuerda además revisar qué asignaturas son obligatorias en la EBAU en tu comunidad, porque aunque Biología y Química sean prioritarias para tu grado, no puedes descuidar las materias comunes que también suman en la nota final.
Una buena planificación no sirve de mucho si acabas saturado a mitad de curso. Para evitarlo, conviene introducir desde el principio pequeñas rutinas que te ayuden a gestionar la ansiedad y a detectar cuándo te estás pasando de frenada. No se trata de estudiar menos, sino de estudiar de forma que puedas sostener ese ritmo durante meses.
Una táctica sencilla es adaptar la técnica Pomodoro a tu realidad: bloques de unos 45 minutos muy concentrados, seguidos de descansos breves y, cada dos o tres bloques, una pausa más larga en la que te levantas, te mueves y desconectas de pantallas. Al final de la semana, un registro rápido de qué has avanzado en cada materia te permite ajustar sin castigarte si algo no salió como esperabas.
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Cuando detectes que el plan que habías previsto ya no encaja con tu energía o tu situación, es mejor recortar un poco el número de temas por semana y mantener la constancia, que intentar sostener un ritmo imposible. Si aparecen síntomas intensos de ansiedad u otros problemas de salud, es importante buscar ayuda especializada más allá del ámbito académico.
A medida que se acerca la fecha de la EBAU, lo que más te ayuda no suelen ser los grandes cambios de estrategia, sino pulir lo que ya vienes haciendo. Mantener un seguimiento semanal sencillo te permite saber si avanzas al ritmo previsto y decidir cuándo introducir simulacros más largos y parecidos al examen real.
Una forma práctica de hacerlo es reservar, cada dos o tres semanas, un bloque para hacer un simulacro parcial o completo de las materias clave y otro bloque para revisar errores y ajustar el repaso. Así conviertes la EBAU en algo familiar y no en un salto al vacío, siempre comprobando también con tu comunidad y universidad fechas, ponderaciones y cualquier cambio en el formato de las pruebas.
En paralelo, no olvides los aspectos administrativos. Según vayas avanzando en 2.º de Bachillerato, será necesario inscribirse en la EBAU siguiendo las indicaciones de tu centro y de tu comunidad autónoma, y tener claras las materias con las que te presentarás. Si necesitas una visión más global de opciones de estudio y objetivos, puedes apoyarte en nuestra formación de preparación para la EBAU orientada a carreras del área de la salud, donde trabajamos precisamente esa combinación de estrategia y contenidos.
Si sientes que te vendría bien ajustar tu plan con alguien que conozca bien el acceso a Medicina, Enfermería u otros grados sanitarios, podemos ayudarte a diseñar una preparación realista. Puedes escribirnos por chat para recibir orientación personalizada o consultar nuestros cursos específicos para la EBAU enfocados en Biología, Química y demás materias clave del área de la salud, siempre con la idea de que estudies con calma, con criterio y sin promesas irreales.

Depende mucho de tu nota de Bachillerato y de cuánto margen tengas para mejorar. Si tu media de Bachiller es sólida, centrarte más en la fase específica puede ayudarte a rascar décimas clave, pero no funciona si descuidas las troncales de la fase obligatoria. En grados como Medicina, Farmacia o Fisioterapia suele ser necesario exprimir ambas partes. Lo razonable es calcular distintos escenarios de nota con y sin fase específica fuerte y, a partir de ahí, decidir cuánto peso darle, consultando siempre las ponderaciones concretas de tu universidad.
Cuando repites, el riesgo es estudiar “como siempre” y volver al mismo resultado. Conviene empezar revisando con calma qué exámenes te bajaron la media y si el problema fue de contenidos, de tiempo o de gestión del estrés. A partir de ahí, el plan suele centrarse más en simulacros reales, análisis de errores y refuerzo específico en las materias que ponderan más para tu grado. También es habitual reorganizar el horario: menos temas nuevos y más práctica dirigida. Si dudas con la estrategia, una preparación guiada orientada a salud puede ayudarte a enfocar mejor los esfuerzos.
En estos casos la clave no es copiar el horario de otros, sino partir de tus límites reales. Primero hay que marcar en el calendario las horas intocables de trabajo, transporte y obligaciones familiares. Con lo que queda libre, suele funcionar mejor un número reducido de bloques muy concentrados cada semana que intentar estudiar todos los días sin energía. Puede ser más eficaz priorizar Biología, Química y una o dos materias clave, y aceptar que tu plan será más gradual. Si tus horas disponibles son muy pocas, puede ser prudente revisar también si el objetivo de grado y convocatoria es realista.
Es bastante común dudar entre varias opciones del área de la salud. Cuando esto ocurre, lo más sensato es apoyarse en asignaturas que suelen ponderar bien en muchas universidades, como Biología y Química, y mantener un buen nivel en las troncales comunes. Paralelamente, conviene hacer una pequeña investigación de las ponderaciones de 2 o 3 grados que te interesen y de distintas universidades, para ver qué combinación de materias te abre más puertas. A medida que vayas afinando tu decisión, podrás ajustar la fase específica sin haber perdido el trabajo previo.
Cuando empiezas con muchos meses de margen no hace falta vivir en modo simulacro continuo, pero sí introducirlos poco a poco. Al principio puede bastar con exámenes parciales de temas ya vistos cada varias semanas, más para conocer el formato que para medir nota. A medida que avance el curso, tiene sentido aumentar la frecuencia y la duración, hasta llegar al tramo final con simulacros casi completos de Biología, Química y el resto de materias clave. Lo importante es usarlos para detectar patrones de fallo y ajustar el estudio, no solo como “ensayo general”.
Una señal de que te quedas corto es que los ejercicios tipo examen no mejoran o sigues sin llegar a tiempo, pese a entender la teoría. En cambio, cuando te pasas de horas suele aparecer cansancio constante, dificultad para concentrarte y sensación de no retener lo que estudias. Un buen criterio es revisar cada dos o tres semanas si tus resultados en prácticas reales y tu nivel de energía van en la misma dirección. Si la nota sube pero tú estás al límite, probablemente toque recortar un poco y cuidar descansos; si te ves fresco pero los resultados no acompañan, puede hacer falta aumentar algo el tiempo o cambiar la forma de estudiar.

Educador en ciencias con más de 8 años de experiencia, especializado en Biología y Química. Uso tecnología y pedagogía para preparar a estudiantes de salud en EBAU/PAU/PCE con éxito.
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