La importancia de la formación académica personal para el desarrollo de la sociedad

La dinámica de la vida moderna, con sus constantes avances y repentinos giros de timón, ha causado una delicada situación dentro del mercado laboral. La competencia ha aumentado de manera harto notable, por lo que los conocimientos académicos y las competencias laborales  se sitúan en un lugar destacado.

La formación académica en la sociedad actual.

La aparición de nuevas tecnologías y la internacionalización hacen que la debida preparación y formación en las áreas correspondientes sean más que obligatorias, si se desea mantener la idoneidad profesional con miras a responder a las exigencias del momento.

De esto se deduce que la formación continua del individuo es una característica decisiva para adquirir mayores capacidades y destrezas que respondan a las necesidades del mercado laboral.

Se hace justo y necesario estar prestos para encarar las nuevas circunstancias. El nivel de preparación individual debe responder eficaz y eficientemente a lo que la sociedad “pide” como requisito para su propia evolución.

¿Cómo influye este hecho en los estudios universitarios? ¿Cuántos egresados de bachillerato están dispuestos a prepararse un poco más para afrontar esa exigencia académica? ¿Cuántos están dispuestos a dar un paso más allá de lo que pide la formación tradicional? El mercado laboral de una sociedad es indicativo del nivel de habilidad que ésta requiere de cada individuo para evolucionar efectivamente. El capital humano en constante reciclaje hace la diferencia entre el progreso o el estancamiento de una sociedad.

El rol de la formación académica individual en la sociedad.

Por ende, la formación académica individual es crucial para el progreso tanto personal como profesional y su impacto en el orden social se traduce en:

Mejora de las condiciones de trabajo en general. Esto debido a la ampliación de las capacidades técnicas y habilidades sociales mediante las acciones formativas.

Incremento de la competencia profesional y de la productividad. La capacitación permite tomar decisiones y resolver conflictos con mayor eficacia, redundando en los índices de productividad.

Aumento de la satisfacción en el ejercicio del trabajo. Esto conduce al logro de las metas propuestas y a la capacidad de enfrentar los nuevos retos, tanto a nivel individual como grupal.

Incremento de la confianza del individuo en su papel como elemento transformador del entorno social. La adquisición de mejores y mayores conocimientos capacita a la persona para interactuar con su entorno de una forma más positiva. Características como la proactividad, la empatía, el compromiso, la autocrítica y la tolerancia contribuyen a la inserción de la persona en la sociedad.

Promoción de la igualdad de oportunidades para todas las personas. Cuantas más personas decidan prepararse académicamente para optar a un trabajo en particular, tanto más se abre el abanico de oportunidades para laborar en ello y, por ende, mayor trato equitativo para los aspirantes al cargo, una característica propia de las grandes empresas a la hora de captar personal.

En líneas generales, las sociedades progresan en la medida que el individuo progresa. La formación académica personal o individual no sólo es provechosa y significativa para el individuo en sí, pues los resultados de su preparación pueden influenciar en familiares, vecinos y amigos, a quienes motivará a emular e incluso superar los logros alcanzados, estimulando el desarrollo integral del entorno social involucrado, traduciéndose en prosperidad para todos sus integrantes y para el resto de los grupos sociales a su alrededor.